Coco antes de Channel

En el mundo de los biopics abundan los arquetipos. Siempre se adaptan las historias de personajes que representen a su vez algún valor particular. Sobre eso, ya hablé por aquí hace algún tiempo. Era obvio que el feminismo, no podía quedar atrás en la lista de tema a ser tratados en biopics.


De las biografías recientemente adaptadas al cine, Fur: an imaginary portrait of Diane Arbus (2006), era la única que trataba el tema, al presentar la historia de la oscura fotógrafa neoyorkina Diane Arbus, y su emancipación como mujer, la cual ocurría luego de su encuentro con un extraño, peludo y sensible hombre que le enseñaba a ver la vida desde otra perspectiva. Esta visión, que para los ojos agudos de alguna feminista podría ser considerada machista, se repite en Coco antes de Chanel (2009) de Anne Fontaine.



Luego de atravesar una infancia en la que es abandonada por su padre en el orfanato de Aubazine, junto a su hermana Adrienne (Marie Gillain), Gabrielle Bonheur (Audrey Tatou) se dedica a trabajar como cantante de cabaret en bares de soldados borrachos, precisamente de una de las canciones que interpreta surgirá su apodó “Coco”. Una de esas noches, conocerá a Étienne Balzán (Benoît Poelvoorde), un viejo verde, del cual se convierte en su cortesana. En la mansión de éste, conocerá a Arthur “Boy” Capel (Alessandro Nivola), un apuesto carbonero inglés del que se enamorará, aunque él esté comprometido a casarse por compromiso con la hija de un Lord inglés.



Todas las biopics siguen la misma estructura: inicios duros, ascenso, gloria, caída, resurgimiento. Ésta no. Y ese puede ser su primer mérito. Lejos de narrarnos la clásica historia de estas películas, Fontaine, nos muestra un personaje enormemente pragmático: Coco sabe que no puede surgir sola en el mundo y por eso ni lo intenta, se lía con Étienne, le da sexo aunque no quiera, a sabiendas de que es la única forma de sobrevivir. Lo mismo ocurre con el personaje de “Boy” Capel, del que está enamorada y sin embargo, en la mejor escena de la película, le dice “Siempre supe que nunca me casaría, ni siquiera contigo”, y a pesar de esto, lo utiliza para conseguir los medios económicos que le permitan darle rienda suelta a su pasión recién descubierta: el diseño.



Un acierto es no haber convertido a los personajes masculinos en estereotipos machistas: Étienne es un monstruo de su tiempo, es machista porque no puede evitar serlo, pero al final, es el único personaje que parece tenerle afecto real a Coco. “Boy” Capel, tampoco tiene opciones, él debe casarse porque es lo que se espera de él, como le dice a la protagonista en algún momento: “No lamento tener la vida que he tenido, porque de no haber vivido como lo he hecho, nunca hubiera podido leer uno solo de los libros que he leído, pero claro, si mi vida hubiera sido distinta, entonces yo podría simpatizarte más”. En contraparte, los personajes femeninos están, igualmente, atrapados en lo que se espera de ellas: la hermana de Coco, enamorada de un Barón Inglés que la mantiene oculta porque se avergüenza de ella, espera pacientemente a que se den las circunstancias necesarias para poder casarse con su pareja, aunque en el fondo sabe, que eso no va a ocurrir. Emilienne d'Alençon (Emmanuelle Devos), una amable actriz de teatro que le da a Coco su primer trabajo como diseñadora de sombreros, le recomienda siempre a Coco aceptar su destino, incluso le dice “afortunada” por tener un hombre que la proteja. La rebeldía de Coco, entonces, estará en moverse sigilosamente entre los mecanismos opresivos de su tiempo para cumplir sus metas. Esto, podrá ser considerado excesivamente machista por algunos, ya que Coco realmente nunca se rebela ante nada, sólo hace lo que puede y así va trazando su camino. A mí me ha gustado mucho que Fontaine rehuya de cualquier discurso exacerbado; es decir, a mí me parece más razonable que Chanel haya surgido así, a que un día se haya parado en medio de la calle a decir: estoy cansada de vivir en un mundo dominado por los hombres. Es más real la perspectiva de la película.



Formalmente, es un film impecable. La ajustada dirección artística de Oliver Radot, con una excelente decoración de interiores. La buena fotografía de Christophe Beaucarne. El imponente trabajo de vestuario de Catherine Leterrier (desde ya, candidata firme a los próximos Oscars), y finalmente la música de Alexandre Desplat.



Anne Fontaine, hace un apropiado uso de la cámara en mano, la cinta no aburre a pesar de ser una película de época, entre otras cosas, por el buen manejo de la cámara, casi nunca estática.



Audrey Tatou, tiene la bendición/maldición de haber protagonizado Amelie (2001), una película demasiado icónica, y hasta ahora me resultaba imposible no relacionarla con el papel que le lanzó a la fama. Afortunadamente, en esta película su interpretación es excelente, con decir que le da tres palos al señor Nivola, que luce extremadamente acartonado e hierático. Por momentos la cinta la pertenece a Benoît Poelvoorde, quien tiene el personaje más difícil por lo repetido y obvio, pero Poelvoorde le da a su rol algo de humanidad y lo desencasilla.



Ahora que la releo, me doy cuenta de que esta crítica es un tanto complaciente, pero bueno, lo lamento, a mi me ha gustado muchísimo.







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Cosas que nunca veremos en Venezuela

(Clic para ampliar)

® Imagen tomada del cómic Ghost World, original de Daniel Clowes.


Levantamiento del control del cambio.



Un referéndum revocatorio en que el funcionario sea revocado.



Un juicio serio por corrupción.



Una temporada de béisbol sin la ladilla de caraquistas y magallaneros.



Un mes sin cadenas.



Una rueda de prensa de la oposición en la que el vocero sepa leer, no gaguée, y no diga cosas como “hubieron”, o “rrrrréééééégimen”.



Un día sin que Martha Colomina cacaree en la radio.



Un día sin que en Buenas Noches Carla diga una estupidez y Kiko deje de comportarse como mongólico.



Un día sin que nos enteremos que a un pana lo asaltaron/secuestraron.



Una mañana sin colas.


Una tarde sin colas.



Un día sin que el gobierno nos amenace con x cosa.



Un mes sin que descubran un “nuevo” intento de magnicidio.



Un día sin escuchar en la radio una canción que diga “amol”, “seisi”, “beibi”.



Un día sin ver una montaña de basura en las calles de San Antonio.



Un día sin ver a un tipo orinando se en la calle.



Un evento de “cultura urbana” que no sea mamarracho y decepcionante.



Un concierto de Aerosmith.



Un cómic venezolano, arrechísimo.



Una película venezolana sorprendente y vanguardista.



Un día en que yo no la cague.



Un mes sin Sábado Sensacional.



Un año sin Miss Venezuela.



Un poco de coherencia en los Twits de Juanes y Calle 13.



Un día sin noticias de Dudamel.



Un día sin escuchar/leer algo de Paris Hilton.



Un día sin que me de vergüenza la cantidades de idioteces que escribo en este blog de mierda.


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Dos libros, autobiográficos y gratuitos.



Duélale a quien le duela, el libro es sólo un formato. No se puede confundir el Libro (conjunto de muchas hojas de papel impresas, con tapas de cartón o cartulina, que forman un volumen. Obra científica, de entretenimiento o literaria de cierta extensión) con la Literatura. Es cierto, no hay nada como un libro, ese objeto de papel que huele y se siente único, pero los libros en sí mismos no son nada. Hay mucha mierda impresa y hay mucha literatura excelente que jamás ha llegado al papel —que a estas alturas, todavía haya algún cabeza e` ñame que no lo entienda, es su problema—. Sobre eso ya hablamos por aquí, hace unas semanas.

Formar un club de lectura es algo demodé, una especie de anacronismo, más si ese club está conformado por bloggers que —la mayoría de ellos— no se conocen entre sí, y encima, parten de la premisa de que cada quien lee su vaina y postea una crítica al respecto la cual comparte en un grupito de facebook y los demás se comprometen a leer y a comentar aunque, como yo, no lo hagan . Por eso, la idea del Club de Lectura para Bloggers me agrada tanto.

Como era de esperarse, rápidamente el ritmo de reseñas ha caído, los bloggers que se comprometieron a leer un libro y reseñarlo, al menos, cada tres semanas han (hemos) pifiado y con excepción de este pana, nadie ha posteado nada desde hace algún rato.

Pero, como me gustan las causas perdidas, admito que me encantaría que de verdad llegáramos, siendo conservador, a reseñar unos 100 libros como mínimo. Y que en algún momento nos pusiéramos de acuerdo para leer y comentar un mismo libro.

Yendo al grano, esta semana, comento dos libros, absolutamente distintos entre sí, pero con tres rasgos en común: 1) sus autores han hecho de la literatura colgada en red una forma de callarle la boca a los dinosaurios que aman asesinar árboles para publicar los libros de Titina Penzini, y ambos libros los puedes descargar (los links están en las reseñas) gratuitamente, con autorización de sus autores 2) Ambos libros, sin ser autobiografías ex-profeso, tiene un profundo contenido autobiográfico, amén de que sus autores aparecen en ellos convertidos en personajes y narrando en primera persona y 3) Por eso es que no tienen una clara línea narrativa, son libros hechos de retazos, de episodios sueltos, lo que da la sensación de estar leyendo diarios personales, o libretas de notas y no obras estrictamente narrativas.

El primero de los autores no necesita presentación, si no sabes quien es Hernán Casciari, por favor, vete de aquí. El otro es el venezolano Vicente Ulive, autor del blog Los Cuadernos Azul y Marrón. Autor también de Caracas Cruzada, novela que ya reseñé por aquí.


El Pibe Que Arruinaba Las Fotos.


Las pequeñas memorias de Hernán Casciari.



Decía Rimbaud, que la verdadera vida estaba en otra parte. A veces, la vida es una sucesión de rutinas, un bucle eterno que termina por hacer que nos olvidemos de las cosas que realmente importan, que ni son las materiales (casa, carro, trabajo,) ni las trascendentes (destino, libertad, justicia, felicidad, inmortalidad, o cualquier palabra de esas que aparecen en los libros de Carlos Fraga), sino las otras, la cosas pequeñas, cotidianas y especiales, las que realmente hacen que nuestra vida sea distinta y única.

Este libro contiene los cuentos que Casciari había publicado en su blog orsai, relatos autobiográficos, cruzados por un humor nostálgico, a veces cruel, a veces tierno, pero siempre genial, punzante y agudo.


lo que yo quiero saber del futuro es lo superficial, el chusmerío; soy demasiado cagón para todo lo que importa.”(p.100) Le pide el gordo a un tataranieto suyo que viene a visitarlo desde el futuro, y esa idea atraviesa el libro completo. Ésta es la historia menuda de un escritor argentino, que vive en España, y que decidió convertir las anécdotas más intrascendentes de su vida en un diario que, pronto, comenzó a ser seguido por miles, convirtiéndose en uno de los blogs más leídos de Hispanoamérica. Propiamente dicho, no es una novela, los relatos dispersos publicados en el blog se enlazan aquí de manera un tanto arbitraria, pero como lo que colige Casciari es narrar los recuerdos que conforman su memoria emocional, esto ni siquiera se nota y mucho menos se resiente. Sin embargo, sus críticos (1), dicen que Casciari lo que ha hecho es copypastear y pegar a la fuerzas sus post del blog para ganar plata con ellos. Cosa falsa, por supuesto, porque el propio autor ha obsequiado su libro en formato PDF.


Lo divino de este texto es que se lee con placer. No es un libro al que uno se acerque desde el intelecto, es más bien una conversación, un tipo que te echa sus cuentos buscando que te rías y que consigue, en momentos brillantes, hacerte ir de la risa a la nostalgia, de la literatura simple y facilona a reflexiones realmente geniales, del diario personal de un tipo con una habilidad tremenda para reírse de si mismo hasta episodios como los referidos a la literatura y al encuentro de Hernán con su vocación de escritor; y es que en medio de las ironías y de los juegos de palabras, Casciari ha escrito un libro sobre como la literatura (la que leía y la que escribía) le dio sentido a su vida.

Lo chico de siete, o de ocho

años , nunca quieren suicidarse. Sueñan en realidad con la carta que van a

dejar, con el llanto posterior de la madre, con ese remordimiento dulce.

Le había pasado a Tom Sawyer. Le había pasado a Huck... Mark Twain me

entendía mucho mejor que Chichita, pensaba yo mientra Chichita me

seguía pegando bajo la manta. Mark Twain era un monstruo enorme, un

viejo loco que sabía mejor que ningún adulto con qué fantasea un chico de

diez años. Yo quería fingirme muerto para ver cuál era la reacción de mi

familia. Mil veces había soñado con aquello. O perderme una isla desierta

junto a mi mejor amigo el Chiri, y fumar los dos en pipa, y comer lo que se

cayera de lo árboles. Navegar en una balsa de madera con un negro loco.

Encontrar un montón de monedas robadas y ser el héroe del pueblo.

Conversar toda la noche de cosas graciosas, o de asuntos de miedo, con

uno viejo barbudo llegado del mar. Odiar la escuela tanto como querer

aprender todo de golpe, pero de otra forma. Y hasta quemar los libros de

la escuela. A los once años yo no veía la hora de encontrarme con alguien

que me hablara despacio, sin palizas, y con las palabras de los libros de

Mark Twain.(p.8 y 9)


Las palabras volvían a tener sentido gracias a Poe. En sus libros, un

loco te explica con su fría coherencia por qué comienza a sentir los latidos

del corazón de un muerto, y uno no puede más que aceptar que un

muerto, enterrado a dos metros bajo la madera de la habitación de su

verdugo, puede muy bien empezar a hacer saltar los postigos de la

ventana con su sola presencia.(p.14)


Yo tenía once años. Comenzaba a estar obsesionado con escribir cosas

que aparecieran después en un papel lejano, compuesto por otros,

multiplicado por otros, distribuido por otros. Leído por otros.(p.36)


Pero entonces era cuestión de vida o muerte ser un escritor: lo

deseaba con la misma fuerza con que hoy deseo ser feliz.” (p.76)


“En aquel tiempo escribir era para mí una fiesta a la que podía entrar

cuando se me daba la gana, y salir si la cosa se ponía muy densa. Escribir

no era un trabajo, sino la mejor excusa para ser un vago.” (p.80)


Desde la cruel historia de los canelones, pasando por como la comedia le ayudó a sobrellevar las tetas que se le formaron por su gordura, su ida a España, sus lecturas... ...y así, hasta la muerte del padre, segmento magistral, sin duda lo mejor del libro; ya quisiera uno tener esa capacidad para tomarse con humor algo así.


Casciari nos echa el cuento de su vida, y luego de leerlo, a uno le queda una estúpida sonrisa en el rostro que no se te borra hasta unos dos días después de leído el libro.


Entrada de Orsai en la que el autor cuenta el cómo y el por qué de su libro.


Has clic aquí y descarga el libro en formato PDF.

(1) Hernán Casciari se gasta unos enemigos arrechísimos. Los tipos le montaron un blog lleno de críticas demoledoras. No estoy muy seguro, pero creo que ningún escritor tiene un club de antifans tan bestial como el de Casciari.



Anécdotas de la Decadencia Caraqueña.


La rabiosa memoria de Vicente Ulive.



Hay un sentimiento que me ha acompañado desde que me salieron pelos debajo del brazo, y ése es una especie de rabia inconforme. Esa sensación de que estás molesto con todo lo que te rodea, de que nada tiene sentido, de que vives en un mundo predecible, de que odias a todo el mundo, y de que lo único que puedes hacer es refugiarte en tu soledad. En el caso de este libro, la soledad del narrador es acompañada por la música, que viene a ser el único compañero real en la vida del protagonista, esto aunque esos momentos de soledad musical siempre son interrumpidos, ya sea por su padre o por el teléfono.


“Ese es mi problema, supongo. La gente. Pero no me entiendan mal, no odio a todo el mundo. No soy un antisocial ni nada. Lo que pasa es que no aguanto a ese

tipo de gente.” (p. 4 y 5)


Vicente se queja de todo: el arte en caracas, la vida nocturna, los grupos que se las dan de intensos, las sifrinas descerebradas, la inseguridad, su papá, el sistema educativo, los chicos que estudian psicología, la psicología como ciencia, sus compañeros de banda, la gente que va (iba) al café Rajatabla, la clase media, las mujeres venezolanas, los anglicismos, la radio, el periodismo, y hasta el sexo.


“Pues déjenme decirles algo de la cultura en Caracas: es una total farsa.” (p.4)

“¿qué tiene que ver la afirmación “pon una canción de Ricky Martin” con la justificación ‘porque Ricky es

muy bello’?” (p.8)


“Déjenme decirles algo: la gente se imagina a Dios como alguien bondadoso,

permisivo, pues todo eso es mentira. De existir un Dios, estoy seguro de que sería un hijo

de puta obstinado como yo.” (p.9)


“¿Qué ha pasado con la locución radial?

Siempre pensé que la radio era para oír música. Resulta que ahora parece ser que este

medio de difusión es para escuchar a un idiota –que demás está decir que se cree genial-

haciendo chistes e insultando a los que lo llaman, llenando el cincuenta por ciento del

espacio con eslogans publicitarios y en el pequeño resto colocando discos prefabricados.” (p. 12)


“El proyecto anti-social de los intensos ha sido fagocitado por el sistema en sí. Ya no producen sorpresa. Sin embargo, Omar sigue pujando. Él todavía cree en el proyecto de los intensos como algo por lo que vale la pena luchar. Él es de los que iría a un lugar vestido todo desarrapado, repelente, y al prohibírsele la entrada al local se pondría a gritar “¡racismo!”, en toda la puerta.


[...]


Hay una diferencia de facto entre nosotros dos. Tal vez sea lo que nos separa

inexorablemente. Sucede que dentro de la igualdad musical que nos une hay una gran

brecha que nos divide. La música, el arte, la pasión: creo que son expresiones que no deben verbalizarse. Son hechas para el disfrute del alma (ojo: cuidado con irse hacia las manos abiertas de la new age llegado este punto), son hechas para ser asimiladas en silencio, individualmente. Omar lo siente en parte de esta manera, pero por otro lado prostituye este principio vanagloriándose en su grupillo de ‘intensos’. Me enferma. Usa la música para

definir círculos de acción, para agrupar gente. Y dentro de todo esto detenta un cierto

poder, decide y divulga lo que debe y no debe escucharse. Objetiviza algo que por

definición es independiente, libre. Nunca lo podré perdonar. Es igual de patético que el otro

grupo, sólo que él tiene suficiente cultura y educación para soportar sus pseudo-argumentos.” (p. 15 y 16)


“Jactándose de ser los “marginados” de la sociedad, de ganarle una

a los yuppies, cuando en ese mismo momento hay un yuppie burgués sentado en su oficina

de hacer franelas oscuras enriqueciéndose a costa de ellos. Las paradojas de la vida. Al

final, todos van a ser absorbidos por el sistema. Caraqueños. Merecen ser todos arrasados

(¿pero no se puede vivir sin ellos?).” (p. 24)


“Desde siempre ha sido así y esa ha sido nuestra mayor derrota. La ilusión de un

presente ficticio es lo que evitó y seguirá evitando cualquier posibilidad de solidaridad

social entre los venezolanos. Pues los venezolanos no queremos ser venezolanos:

aborrecemos todo lo que es de nuestro país. Así fue comprada la clase media en los

primeros años de democracia. Como viles prostitutas se vendieron ante un bozal de arepa,

perdón, bozal de hamburguesa.” (p. 40)


“-Y, qué vamos a hacer, si la mayoría del país es ignorante –agregó Leo senior- no como en

otros países donde hay cultura de democracia. Como en los Estados Unidos, por ejemplo –

debo decir que esta adoración por Norteamérica era bastante extraña y reflejaba un total

desconocimiento de ese país, como si el señor Leo no hubiese viajado nunca allá. Allí fue

cuando me acordé que el señor Leo verdaderamente no había viajado nunca a los Estados

Unidos, lo que había hecho era ir muchísimo a Miami.” (p. 55)


“Uno creería que el ser humano es un organismo pensante, que tiene la capacidad de

aprender con el tiempo. El biólogo que afirmó esto obviamente no conocía al caraqueño.” (p. 64)


“Debo decir que me defraudé. La sociedad me vendió una relación increíble, un viaje

astral, una consumación metafísica y nada de eso sucedió. Sí, me divertí, la pasé bien, pero

luego estuve muchos días pensando por qué se le daba tanta importancia a algo tan simple y

común, nada estrafalario más de lo que pudiera ser un juego de fútbol o una buena cena.

Claro, con el paso del tiempo me di cuenta de que la relación sexual es muy distinta si se

agrega el elemento ‘amor’, que verdaderamente hay un cambio en el noviazgo luego de

consumar el acto. Pero también me di cuenta de que el ligar el acto sexual a la relación

amorosa era sólo una parte de todo el aparataje. No creo que el acto sexual deba ir siempre

unido al amor. Creo que debemos tener la libertad de decidir si lo que queremos es

divertirnos o buscar a la persona de nuestras vidas.” (p. 70 Y 71 )


“Yo no creo que hayamos llegado a ninguna parte en dos mil años de mundo dizque

civilizado. Tampoco me importa mucho. Lo que digo es que cuando aparece alguien para

explicarme lo útil que van a ser los teléfonos celulares con internet, no le veo mucho

sentido al asunto. No creo que haya un Dios orgulloso de todo lo que hemos logrado.

Sonriendo y diciéndonos: “así se hace, muchachos”. Creo que estamos en la séptima paila

del infierno. Pero nadie nos enseña eso. Todo es una gran farsa para convencer a los niños

de que vale la pena vivir. Para que repitan infinitamente que Simón Bolívar era un valiente

digno. Era un ser humano ejemplar. Que él ganó todo esto para nosotros y que debemos

estarle agradecidos. Que la democracia es un patrimonio que nos legaron los intrépidos

imbéciles que se inmolaron el veintitrés de enero. Que trabajemos honestamente por

nuestra sociedad. Pues creo que nada de esto es así. No siento empatía por los patriotas

empalados por Boves. Eran todos unos cretinos que fueron a la guerra sin saber nada del

asunto. Y murieron. Punto. Bolívar también. Nunca conoceré al verdadero Bolívar, siempre

me lo contaminarán con las frasecitas rimbombantes y la imagen de un tipo limpio y

endiosado. Como si el tipo nunca se hubiese emborrachado luego de una batalla y hecho

una propuesta indecente a alguna pueblerina del interior. De todos modos eso no importa.

Lo que digo es que el sistema trata de formarme en una forma de pensar única que es la

ideología más decadente de todas. Y nunca he creído nada de lo que me han dicho. No por

eso soy un insensible social. Pero no me pidan que arrugue la cara cuando atropellan a un

perro en la calle. Es un animal, cometió un error de cálculo y murió. Tampoco pido tengan

esa piedad mediocre por mí. Si me equivoco manejando y me vuelvo fruta no espero que

me lloren y me llamen ‘pobrecito’. Habrá sido mi decisión enteramente, y les apuesto que

la habré disfrutado hasta el final.” (p. 75)


En fin, creo que entienden de que va. En este libro no hay grandes historias, de hecho, sólo hay 5 episodios distribuidos en las dos partes de la novela. Primera Parte: jornada de lectura y música, ensayo de la banda en una casa del este caraqueño, fiesta de cumpleaños de Leo. Segunda Parte: un día de clases en la escuela de psicología de la Universidad Central, y una rumbita en un local de Las Mercedes. Eso es todo. La verdadera novela transcurre en la conciencia del personaje principal. Esto, recuerda mucho a la forma de escribir del escritor colombiano Fernando Vallejo, o de James Joyce (aunque sin ser tan difícil de leer).


Creo que Anécdotas de la Decadencia Caraqueña es un libro que confrontará a quienes olvidaron que fueron inconformistas, un canto a la rebeldía y a ese sentimiento que todos hemos tenido una vez: ¡la vida es una mierda!


Finalmente, debo decir que Vicente ha escrito la frase más genial que yo haya leído en liro alguno: “¿Un Gilberto Santa Rosa? ¿Una salsita? –Esta gente no se daba

cuenta de que eso no era salsa. Despreciaban a los verdaderos soneros: Lavoe, Maelo,

Feliciano, y escuchaban a Gilberto porque cantaba con flux y no era marginal: no gritaba: “¡sacude, doble fea!”, “¡azúcar!” o algo “ordinario”. Gilberto es bueno, y tiene

improvisaciones muy interesantes, pero creer que eso es salsa es despreciar el legado de

talentos populares no estudiados que reflejan un sentimiento verdadero de la música.” (p.45) Ja ja ja. Brillante. Yo siempre he creído lo mismo.


Puedes comprarla haciendo clic aquí. Pero si estás pelando bolas, le envías un mail al autor a: ulive@msn.com y el pana te la regala (es en serio)




Mientras el mundo se acaba...

Carro que se quedó ahogado frente al Picacho en San Anotnio de los altos





Yo fumo, y espero...




















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This is It

“¿Qué más necesitábamos saber sobre ellos?
Quería decirle a todo el mundo:
‘La historia de The Rolling Stones está ahí mismo,
en el escenario, en sus caras,
en la manera en que Mick se mueve,
en la manera en que Keith empuña a guitarra,
en la manera en que Charlie Watts toca la batería,
en el trabajo de Ronnie Wood.
Así que, ¿por qué no los vemos actuar en el escenario?
Tal vez quedemos atrapados en esa primitiva euforia”


Martín Scorsese, explicando,
en una entrevista para la revista
Rolling Stone Latinoamérica (Nº51),
por qué en su documental Shine a Light (2008),
sólo hay música y material de archivo,
y no entrevistas hechas por él.


Michael Jackson y una de sus coristas ensayan I Just Can’t Stop Loving You, los bailarines que en ese momento descansan hacen de público, Michael no hace mayores alardes vocales, pero al rato, al escuchar de fondo como los bailarines disfrutan de la canción, Michael se emociona, empieza a subir el tono y casi al final se arrepiente, la cámara lo capta avergonzado, él se disculpa y justifica aduciendo que debe guardar su voz, que debe cuidar su garganta, el cuadro lentamente funde a negro. Es de las secuencias más poderosas del film.

This is It goza de una gran sobriedad, es una cinta que bien pudo convertirse en un aburrido epitafio a la carrera de un icono que, como todo icono que se respete, se convertirá en leyenda exagerada de la que pronto no se podrán desdibujar cuales son las historias reales que lo constituyen y cuales son exageraciones, tanto positivas como negativas.

Afortunadamente, Kenny Ortega, al prescindir de cualquier recurso manipulador y de los enjuiciamientos morales, tanto inculpatorios como expiatorios, nos entrega una película honesta y poderosa.

Habrá quien le reproche la ausencia de material ‘controversial’, habrá quien la acuse de ‘edulcorada’, y no faltará quien la vea como una mera operación mercadotécnica. Las primeras dos críticas no las entiendo, no sé que puede ser controversial en torno a un hombre cuya vida fue un escándalo permanente, tampoco entiendo como algunos esperan ver un amarillista retrato, similar a los que se transmitieron durante años en E Entertainment, en los que ya se dijo todo lo que se podía decir (maltrato de su papá, supuesta pedofilia, cámaras hiperbálicas, cirugías plásticas, tratamientos para aclararse la piel, etc). Menos se puede acusar a éste ponderado filme de ser edulcorado, al contrario, un tanto cercano al ejercicio que ejecutara James Marsh en Man on Wire (2008), cuando evadía los atentados del 11 de septiembre de 2001, aquí la muerte de Jackson no se menciona, sólo se deja traslucir con sutileza, evitando así cualquier sentimentalismo innecesario. En lo que sí coincido es en que obviamente se trata de una operación financiera redonda, la cinta tuvo una recaudación insólita para ser un documental, dejando al gordito ex-bolivariano de Michael Moore como un tonto con sus, hasta ahora, imbatibles records de recaudación en el género de no-ficción. This is It está a poco de convertirse, en sólo una semana, en el documental más taquillero de todos los tiempos. Esto, por cierto, no se debe exclusivamente al interés que despierta la figura del recién desaparecido Rey del Pop, sino a la trampa publicitaria de afirmar que la película sólo estará dos semanas en cartelera.

Más allá de esa consideración, que no puede obviarse, la cinta de Ortega merece ser vista, por su enorme poder de decir mucho con muy pocas palabras. En las casi dos horas de metraje no existen voces en off que nos digan nada, siendo un documental, tampoco abundan las entrevistas a cámara, éstas sólo aparecen por poco tiempo y no pretenden aportar gran cosa, sólo contextualizar algunas momentos, y en breves ocasiones, agregar algo de sentimiento a una película cuyo 90 % de metraje lo constituyen los ensayos del cantante y su equipo en preparación de los conciertos This is It, que se supone serían los últimos que Jackson ofrecería. No hay más nada, y no se extraña ni se añora, todo lo que hay que decir está allí, sin palabras, para que el público lo entienda y lo asimile a su manera.

Un detalle, las cámaras que graban los ensayos, casi siempre, están abajo del escenario, cómo si un fan se hubiese colado en el recinto a grabar lo que ocurría. Esto le confiere a la película un tono intimista; hay escenas desenfocadas (especialmente cuando ensayan The Way You Make Me Feel), y otras en las que el teleobjetivo de la cámara se mueve desprolijamente, y eso, en vez de ser negativo, termina por darle a la película un tono personal, un carácter que yo no esperaba porque honestamente pensé que This is It sería una mierda sentimentaloide, como la saga de grotescos homenajes que le rindieron a Jackson después de muerto, como el que le hicieron en los Mtv Video Music Awards.


Cuando se trata de la música, Michael Jackson puede tomar el control de la situación perfectamente: corrige irritantemente a su tecladista para que le dé el tempo que desea en The Way You Make Me Feel, “hay que dejarlo cocer”, le dice, y el tecladista no puede ocultar la incomodidad. Lo mismo pasa cuando interactúa con los guitarristas en Black or White, convirtiéndose en el número más poderoso, musicalmente hablando, de toda la película. O cuando, luego de resolver algunos inconvenientes con su ear monitor, ejecuta un set de canciones de Los Jackson 5. El Michael músico es incuestionable, y por eso, los músicos y bailarines le tratan con reverencia, a algunos les cuesta creer que están trabajando con Jackson, quien luce enorme, vital e imponente cuando está interpretando su papel de ídolo pop.

Pero cuando se trata de lo personal, Jackson luce muy mal. Casi ni se toca con el crew que está reunido, todos tomados de las manos, haciendo una suerte de oración, y en vez de decirles algo hermoso, les suelta un discurso políticamente correcto sobre el ‘mensaje’ que están llevándole al mundo. Jackson casi no sonríe, le cuesta ser natural, y no es soberbia sino una indescriptible timidez la que lo domina en todos los espacios. Sólo en algunos momentos, destellos realmente, se le nota natural, por ejemplo cuando sube al escenario-plataforma que lo eleva por los aires en Earth Song, o cuando termina el memorable ensayo de Billy Jean. De resto, es ver a un tipo tímido pero exigente, humildísimo pero al mismo tiempo incapaz de integrarse completamente con su equipo al cual siempre trata con distancia rara, pero no la distancia de la soberbia de un tipo inalcanzable, sino por el contrario, la distancia de un pana al que se le dibuja en el rostro una obvia incapacidad para relacionarse con los demás.

Gabriel Wrye realiza un trabajo de edición encomiable, aunque para algunos será efectista. En Smooth Criminal las imágenes del ensayo se mezclan con las de un cortometraje en que Jackson se mimetiza con el pietaje del clásico Gilda (1946), interactuando con Rita Hayworth y con Humphrey Bogart. Algo similar ocurre en Thriller, cuando a las tomas de los monigotes que vuelan por el escenario y alrededor de él, se sobreimponen las tomas de otro corto que pretendía renovar el concepto original del videoclip con imágenes creadas tridimensionalmente y con los ensayos de la clásica coreografía. Adicionalmente, este editor usa un recurso sencillo pero efectivo: a cada tema, sigue un fundido a negro; es el único momento en que la muerte del cantante se hace presente, en ese apagar de la pantalla que termina resultando más contundente y dramático que cualquier plañidera narración en off.

No tengo más nada que decir. This is It es mucho más de lo uno espera, y aunque obviamente no llega a ser tan demoledor como Living With Michael Jackson (2003) de Julie Shaw y Martin Bashir, ni tan increíble como Cocksucker Blues brutal película sobre los Rolling Stones hecha por Robert Frank, que aunque se mantiene inédita, circula en copias de baja calidad desde hace mucho, y si tienen paciencia lo consiguen para descargar por ahí, merece verse.

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